LA REVOLUCIÓN DE LAS CONCIENCIAS Y LA 4 TA. TRANSFORMACIÓN (PRIMERA DE TRES PARTES)

Por: Fernando Marín Díaz

Marzo, 2019

Lo que sucedió el primero de julio de 2018 no ha sido analizado en sus dimensiones como hecho histórico en México. Se ha dado una mínima importancia por propios y extraños con intención creo de minimizar lo que en otros lados se considera una insurgencia popular pacifica del pueblo de México. Durante más de setenta años la tónica constante fue el fraude electoral, al que se confiaba el PRI-gobierno, diversas reformas políticas tuvieron que ser aceptadas, con la intención de mantener estable el sistema político mexicano, la de 1977 impulsada por el entonces secretario de gobernación, Don Jesús Reyes Heroles.

La coyuntura política y económica dio lugar -durante la presidencia de José López Portillo- a la primera apertura a una reforma electoral del régimen priista que permitiera mayor participación. El resultado fue pensado para dejar conforme al gobierno y abrió poco las puertas a futuras negociaciones para la democratización del país, que de todos modos demoró más de dos décadas en llevarse a cabo. Como resultado de ésta, abrió las puertas a una parte importante de la izquierda, el Partido Comunista Mexicano, el Partido Revolucionario de los Trabajadores obtuvieron su registro condicionado al resultado de las elecciones. Para algunos analistas es la renuncia de la izquierda a la lucha armada y otras formas de lucha fuera de la legalidad y la aceptación del gobierno a reglas democráticas de los cambios necesarios para el país. La otra reforma que vale mencionar es la de 1996 cuando el Instituto Federal Electoral (IFE) se ciudadaniza.




Triunfos como el de Cuauhtémoc Cárdenas en la Ciudad de México abren una gran esperanza entre los ciudadanos y los partidos de oposición hacia el futuro.

El arribo del PAN en 2000 a la presidencia de la república pudo haber sido un parteaguas en la historia de la nación, salvo que Fox, los panistas y los priistas truncaron, por intereses mezquinos esta expectativa. Fraude en 2006, fraude y compra de votos en 2012, marcaron el estado de ánimo de los mexicanos.

La lucha de Andrés Manuel López Obrador(AMLO), es de años atrás, se consolida un liderazgo siendo jefe de gobierno, más con las circunstancias del llamado “desafuero”, se empieza a identificar a un enemigo que se le denomina “la mafia del poder”, este grupo ligado a Carlos Salinas de Gortari (el innombrable) y conformado por empresarios, funcionarios y personas ligadas al poder político y económico que a su vez son beneficiarios de las privatizaciones que se han ejecutado desde el periodo de Miguel de la Madrid, es decir desde que en este país se aplican las políticas “neoliberales”, políticas que son exigidas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) y aplicadas en casi todo el mundo, son tiempos de la globalización. La situación de los mexicanos se va deteriorando cada vez más, se empiezan a perder derechos que enarbolaban desde siempre los “gobiernos emanados de la revolución”, reformas a la Constitución para privatizar empresas del Estado, anulando derechos laborales, sindicales, a la salud, a la educación entre otros, así como una corrupción inocultable, no sólo de funcionarios del gobierno sino también de empresarios ligados al poder.

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador en la Ciudad De México resultó un ejercicio que fue bien aceptado por los capitalino. Programas como la Pensión para Adultos Mayores, Apoyos a Madres Solteras y más, fincaron una gran base social, se entendía lo que el lema “Por el bien de todos primero los pobres” quería decir, la gente lo entendía, aún en la actualidad la gente se refiere al “apoyo de Andrés Manuel”. Un gobierno de austeridad y honestidad se percibe por los habitantes de la Ciudad.

Se empieza a construir su candidatura para el 2006 y a señalar la existencia de una “mafia del poder”, Fox, el PRI, el PAN y grupos empresariales confabulan por todos los medios en desacreditar a Andrés Manuel hasta llegar a lo que se conoce como el “desafuero”. La respuesta de los ciudadanos no se hizo esperar, muchas fuerzas sociales se movilizaron. El 24 de abril de 2005 tuvo lugar la “Marcha del Silencio”, protagonizada por cientos de miles de ciudadanos que recorrieron el largo trayecto del Museo de Antropología hasta el Zócalo capitalino, corazón político de la República Mexicana. Sus principales consignas eran la defensa del sufragio efectivo, la legalidad y la institucionalidad, y el repudio al desafuero del que había sido objeto el entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal Andrés Manuel López Obrador.

Éste fue producto de maniobras políticas orquestadas por el gobierno federal, la Procuraduría General de la República (PGR) y las fracciones de los partidos Acción Nacional (PAN) y Revolucionario Institucional (PRI) de la Cámara de Diputados, con el aparente fin de inhabilitar al funcionario en la eventual contienda por la sucesión presidencial de 2006. Los principales antecedentes políticos de este acontecimiento, profusamente difundidos por los medios de comunicación, se remontan a 2004, cuando se responsabilizó a López Obrador de haber violado una orden judicial que exigía suspender la construcción de una calle en un terreno expropiado años atrás. Si bien los trabajos fueron suspendidos, se alegó dilación en el cumplimiento de la orden. El gobierno de Vicente Fox, por medio de la PGR, solicitó al Congreso despojar al gobernante local del cargo para que enfrentara el proceso judicial. En sesión celebrada el 7 de abril de 2005 en la Cámara de Diputados, con 360 votos a favor, 127 en contra y dos abstenciones, los legisladores aprobaron el desafuero. Buena parte de la opinión pública criticó la decisión con el argumento de que se había tratado de una maniobra que, más allá de velar por el cumplimiento de la ley, trataba de impedir que López Obrador pudiese contender en las elecciones del año siguiente, más aún cuando algunas encuestas lo ubicaban con varios puntos de ventaja sobre otros posibles candidatos.

El malestar colectivo crecía al considerar que esta afrenta a la democracia surgía precisamente del gobierno electo en el proceso ejemplar de 2000, que había dado fin al gobierno hegemónico priista para colocar por vez primera a un panista en la presidencia. Resultaba irónico que precisamente un gobierno que no dejaba de reconocer su deuda con la democracia atentara contra ella de manera tan flagrante. La indignación pública frente a esta estrategia fue contundente en la marcha del 24 de abril de 2005, una de las movilizaciones pacíficas más importantes en la historia reciente del país. Resalta, en primer término, la capacidad de respuesta de los convocantes.

Es imposible determinar con certeza el número de personas que concurrieron, aunque varios medios coincidieron en que fueron más de 1,200,000. Respecto de este tema, es interesante referir la disparidad en las cifras oficiales que ofrecieron las policías capitalina y federal. En el primer caso, la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) del Distrito Federal confirmó la cantidad mencionada, corroborada por la mayoría de reporteros y articulistas al día siguiente. Cifras oficiales de la Policía Federal Preventiva (PFP) reportaron la asistencia de “sólo 120,000 personas”.








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